La alternativa del marketing por consentimiento es algo muy viable para quienes emprenden negocios y su presupuesto es muy restringido.
Para la gente de negocios en general y sobre todo para quienes están tratando de sacar adelante a su pequeña o mediana organización, cuando alguien se les acerca a proponerles una inversión en medios publicitarios es muy común la respuesta categórca de un “no”, dado que eso es muy costoso y de ahí el tradicional dicho de que “la publicidad es lo primero que se recorta en las empresas”, cuando se enfrentan situaciones de crisis.
Sucede que el común denominador en la lógica que se sigue al decidir un”no” rotundo para invertir en publicidad, es el parámetro que se tiene de los grandes medios de comunicación masivos, ya sea los electrónicos, como la televisión y la radio, los medios impresos, como los principales diarios y revistas de mayor difusión o incluso los anuncios espectaculares en las principales vías de comunicación de las ciudades. Efectivamente, este tipo de medios tienen una gran penetración, de ahí el alto costo para los anunciantes, pero por lo mismo son muy pocos los que pueden acceder a éllos. Sin embargo hay que tener en cuenta también, que los medios masivos establecen un mensaje en un solo sentido, es decir del anunciante al prospecto, no hay en el momento retroalimentación y solo las marcas o productos muy posicionados son los que obtienen buenos resultados
En el ámbito de los pequeños emprendedores, en muy contados casos se tiene la posibilidad de acceder con resultados positivos a la publicidad en los medios masivos. Algunos se aventuran a probarlos pero los propios costos impiden tener una presencia constante y por un tiempo suficiente que permita verdaderamente alcanzar un alto impacto. Ante ésto, se concretan a anunciarse en medios baratos de poca penetración o se limitan unicamente a la posibilidad de captación de clientes a través de las páginas amarillas o la tradicional aunque eficiente, publicidad de boca en boca, con los limitados alcances que ésta pueda presentar. Sin embargo, hemos llegado a momentos en que la propia competencia en el mercado, la restricción en el presupuesto de los consumidores y la cobertura de necesidades mínimas para una operación eficiente de las empresas que permitan ofrecer productos y servicios de calidad, le requieren al emprendedor redoblar esfuerzos y darle rienda suelta a la creatividad, con una estrategia de promoción eficáz y a bajo costo.
Es un hecho que lo primero que tendrá que lograr cualquier emprendedor, será establecer canales de comunicación eficientes para que sus clientes estén informados de todo aquéllo que se hace para mejorar la calidad del producto o servicio que se ofrece y así maximizar el bienestar del propio consumidor. Ya cada empresa tendrá establecidos los medios más adecuados, de acuerdo a sus distintos recursos, para hacer que la comunicación fluya con los objetivos finales de contar con clientes más satisfechos pero sobre todo, con la firme intención de ganarse la confianza de los mismos. Una vez logrado ésto, es muy factible que el cliente le será fiel a la empresa, organización o marca e incluso, la recomendará.
Lo anterior, es una manera de aplicar una estrategia de marketing hacia adentro de la empresa. Es decir, se trata de un posicionamiento de la empresa , organización o marca hacia quienes ya la conocen, les convence y la están consumiendo . Éste es un mercado cautivo que hay que cuidar mucho y del que hay que ganar su confianza; lo que requerirá de imaginación, innovación y destrezas por parte de los emprendedores
Ante lo anterior surgen las siguientes preguntas:
- ¿Por qué no aplicar la lógica que se lleva hacia el interior, a los esfuerzos de marketing que se hacen hacia el exterior?
- ¿Por qué no intentar establecer una relación previa, cercana y constante con aquéllos que han mostrado algún interés en los productos o servicios que ofrece la empresa, pero que por alguna razón no han decidido consumirlos?
- ¿Por qué no contar con los elementos para ir definiendo un perfil previo de los consumidores, que que por alguna razón ya se han enterado de que una determinada empresa, ofrece ciertos productos y servicios, pero que aún no han tomado la decisión de comprarlos?
- ¿Por qué no hacerle llegar a los futuros consumidores o prospectos a través de una forma ágil, sencilla, concisa, clara y barata, aquella información que pueda servirle para la toma de decisión de consumo del producto o servicio, sin que se trate únicamente de un folleto publicitario?
En suma…
¿Por qué no comenzar a involucrar con la empresa a aquellos prospectos que aún no forman parte de su cartera de clientes?
La manera de llevar a la práctica lo que plantean estos cuestionamientos es a través de un término “acuñado” por Seth Godin, una de las mentes más brillantes del marketing en el mundo y que le llamó marketing de consentimiento. Ésta vertiente del marketing la echó a andar para el año 1995 -¡hace ya casi 15 años!-, al lanzar Yoyodine Entertainment, empresa de marketing directo en internet y que con tan solo 3 años de operación, tuvo la capacidad de “destronar” a todas las estrategias utilizadas del ya tradicional marketing de interrupción, el que incluso a la fecha, insisten en aplicar una buena parte de las empresas. Ésta manera innovadora de involucrar a los prospectos fué suficiente para que en 1998, Godin estuviera cerrando con Yahoo! la venta de Yoyodine por la nada despreciable cantidad de $29.6 millones de dólares.
La aventura de Seth Godin con Yoyodine es una clara muestra de una estrategia que tuvo el firme propósito de romper con lo establecido, pués hizo que convivieran ideas sumamente creativas e innovadoras con el alto potencial del marketing directo en internet.







