Para quienes hemos emprendido proyectos de negocio, contando con muy poco dinero, sin experiencia, sin “padrinazgos” o socios con camino recorrido, sin lugar a dudas que esta iniciativa se convirtió en toda una aventura por demás singular, llena de satisfacciones, pero también de incertidumbre y amenazas, con un alto componente de adrenalina. Sin embargo, desde el contexto que se mire la iniciativa de emprender un negocio, independientemente del tamaño del mismo y de los recursos con que se cuente, nos sitúa en un momento emocionante, de gran creatividad, de generación de ideas y casi siempre con un desbordado optimismo. Este es un comportamiento natural que precisamente requerimos para mantener vivo nuestro ímpetu emprendedor.
La aventura de tu vida…
Seguramente que en algún momento de tu vida has planeado el viaje a aquel lugar que siempre habías soñado conocer. Simplemente el hecho de visualizarte llegando a dicho lugar por primera vez y constatar con tu propia vista el paisaje que te platicaron o habías visto solamente en fotografías y películas, te hará contar con una emoción muy especial con la cuál sacarás energía para destinarle tiempo en cualquier momento libre a tu actividad de planeación que te conducirá a tu objetivo.
Los negocios, al igual que los viajes, hay que “desearlos” y hay que visualizarlos y si es posible, comenzar a disfrutarlos aún antes de emprenderlos. Con ésto, contarás con un motor fundamental para que des los pasos necesarios para definir de manera más clara tu proyecto, lo eches a andar, enfrentes situaciones inesperadas, las resuelvas y lo más importante: no le pierdas cariño a algo que con tantas ganas y en muchas ocasiones con tanto sacrificio emprendiste.
¿Crees que valdría la pena amargarse un viaje tan anhelado a Europa cuando al comienzo del mismo te roban el pasaporte y tu tarjeta de crédito?. Por supuesto que esta situación para nada la tenías prevista en tu plan de viaje, sin embargo. ¿Qué harías al respecto?. ¿Te sentarías en una banca de un parque a maldecir el momento en que decidiste hacer tu viaje?. ¿Sería justo que esta situación imprevista te impidiera disfrutar todos los lugares que previamente habías soñado con conocer?. Seguramente que verías la manera de encontrar la solución más adecuada al problema.Y más aún si estuvieras solo. Te aseguro que si en ese momento piensas en todo lo que te perderías de disfrutar, si no recuperas tus documentos y no puedes contar con dinero, la inspiración te va a invadir y verás la manera de contar de nuevo con lo perdido. Irás a la embajada; a la sucursal de banco que te volviera a emitir tu tarjeta, llamarías a algún amigo o familiar a México y en fin, no te quedarías con los brazos cruzados y tomarías el avión de vuelta a tu país.
La aventura de emprender tu propio negocio es algo muy similar al sueño anhelado de realizar tu viaje a Europa. Parientes y conocidos me han manifestado en pláticas informales su deséo de ser independientes o autoemplearse, : ”Solamente trabajo el resto del año, cobro mi liquidación y estaré listo para emprender un buen negocio, algo que siempre he querido, pués ya estoy harto de estar trabajando para otro…”, suelen decirme. Efectivamente, sueñan con su propio negocio, lo cuál es muy válido y necesario para aventurarse en un emprendimiento, pero, ¿en verdad estarán dispuestas estas personas a mantenerse firmes, con imaginación y optimismo, en momentos de situaciones adversas?, que por cierto es muy común que se sucedan y más aún, ¿podrán evitar que se apague su ímpetu emprendedor y no puedan proseguir la aventura de su vida?.
La importancia de definir claramente un objetivo
Seguramente que al iniciar aquel viaje anhelado, no te subiste al avión hacia algún destino y entonces allá, confiaste en tu intuición que te dijo en ese momento hacia donde dirigirte, sin tiempo definido y sin saber la distancia que tenías que recorrer. Aunque quizá has conocido a aventureros dispuestos a hacer eso y aún más, el común denominador de la gente que viaja ya lleva definido un plan, por sencillo y flexible que este pudiera ser. Lo increible es que al trasladarlo al contexto de los negocios y principalmente al de los emprendedores novatos, podemos encontrar verdaderas historias de arrojo, dignas de atribuirselas al trotamundos más atrevido. No cuentan con el más elemental plan. Todo lo van resolviendo por intuición; en el mejor de los casos escuchan a gente cercana, también sin experiencia y menos sin estar involucradas con la problemática que enfrentan, les dicen que hacer, pero les dicen mal. Sin embargo, la mayoría de las veces no escuchan y tarde o temprano los invade la desesperación, se va apagando el ímpetu emprendedor y terminan engrosando las filas de aquellos nuevos negocios que no completan siquiera un año de operación. Se trata de una historia recurrente que no descrimina nacionalidad, raza ni preparación académica del que se dice ”emprendedor”.
Una manera de minimizar considerablemente el fracaso prematuro de un negocio que se emprende es definir, como paso número uno, lo que significa desarrollar un negocio de éxito y preguntarte: ¿Qué características creo que definirían a mi negocio como exitoso?. En general, las características de un negocio para que realmente se considere exitoso, están muy claramente definidas. Lo importante es que tu idéa de un negocio exitoso, en verdad coincida con lo que realmente es y que les ha funcionado a todos aquellos emprendedores que se han han distinguido sobre los demás y que en algunos casos han perdurado.
En la próxima entrega nos referiremos con detalle a cada uno de los siete aspectos que en el momento que vivimos, hacen exitosa a una empresa.







